viernes, 8 de mayo de 2009

DISFRUTA DE UN MADRID VERDE, ¡BASTA DE ESPECULAR!

Destrucción de la comarca de la Sagra Alta y su entorno natural mediante la construcción de las líneas de AVE Madrid-Levante y Madrid-Sevilla, la implantación de grandes tendidos de alta tensión, caza furtiva, innecesarias autopistas, ... todo ello en detrimento de sus dehesas olivareras, campos de cereales o especies animales como la avutarda y el cernícalo primilla; campos de golf en Alcalá de Henares para el disfrute de las elites burguesas pese a la deficiencia en instalaciones deportivas de los colegios públicos; ampliación de la M-30 de manera ilegal sin respeto por las leyes de protección del medio ambiente, del patrimonio histórico y cultural y de la salud; sobredesarrollo urbanístico sin control ni adecuada planificación en zonas de las riberas de los ríos Guadarrama y Jarama, que provoca con la llegada de lluvias, inundaciones en dichos barrios y por tanto daños a sus habitantes, los cuales nunca fueron informados de que dichas áreas son potencialmente susceptibles de esos desastres debido a su situación geográfica; irregularización en nuevos Planes de Urbanismo de localidades como Móstoles; descuido y olvido del patrimonio histórico como sucede en Aranjuez y sus restos arqueológicos; dicha ciudad, además, integrada en la cuenca del Tajo, río vertebrador de la cultura y paisaje de los pueblos por los que fluye que ven como éste se ha convertido en una cloaca; terrible negocio constructor en torno a la M-501 con claros ejemplos como la reclasificación de suelos para uso especulativo en pueblos como Villamantilla , Villa del Prado o Chapinería.

Lo anteriormente citado, son solo algunos de los ejemplos de la progresiva destrucción del entorno natural y la cultura popular en aras a fomentar y favorecer un modelo de vida que corresponde con el interés de perpetuar el sistema capitalista.

Uno de los problemas más acusados en el alfoz de Madrid, donde se encuentra Fuenlabrada, y en general en todas la comarcas madrileñas, es la deforestación. Ésta se ve incrementada, entre otros motivos, con la construcción de megaurbanizaciones especulativas, centros comerciales, más carreteras, etc. No solo es deforestación, también es una de las zonas más contaminadas de Castilla y con ello también de las más explotadas para el negocio del suelo que implican las mencionadas megaurbes, las cuales hipotecan de por vida a resignados compradores, donde por cierto, los servicios como transporte, colegios, centros de salud,... serán motivo de constantes luchas por los vecinos.

Otro fenómeno capitalista que llega a privatizar espacios naturales para convertirlos en lugares de peregrinación de ocio consumista son los centros comerciales. Los pequeños comerciantes de nuestros barrios, las tiendas tradicionales, se ven obligadas a cerrar por su comprensible incapacidad de competir con esos centros. Por no hablar, por supuesto, de la explotación laboral de los trabajadores de dichos centros comerciales, que ven ampliada su jornada laboral hacia horas y días de la semana potencialmente destinados para el descanso y el ocio propio.

Hablando de ocio, podemos observar, como familias enteras pasan sus fines de semana, sus momentos de recreo en dichos lugares, en lugar de otras fórmulas populares como el disfrute del medio ambiente. Ese comportamiento responde a la directriz marcada desde el capitalismo, pues premeditada y estratégicamente no hay un nuevo barrio sin centro comercial y ahí donde haya centro comercial es idóneo sitio para la especulación inmobiliaria; sin comentar las estrategios empleadas por el capitalismo para inculcar en la población qué debe hacer en su tiempo libre, solo un apunte: fomentar el disfrute de medios naturales no repercute ningún beneficio económico.

Desde la Asociación Popular Castilla Comunera de Fuenlabrada, queremos denunciar las medidas del actual sistema opresor capitalista que, favoreciendo la individualización de las personas y la competitividad hacia un mayor grado de “estatus social”, rompe con la socialización entre los individuos y sus costumbres culturales identitarias, en nuestro caso la cultura castellana, llevando a la población hacia una crisis social. En dicha crisis se induce hacia un comportamiento juvenil conformista y una construcción apática de las personas respecto con su propio derecho de progreso social y personal de forma justa y solidaria, en una sociedad en la que nadie debería ser más que nadie, y donde el medio en el que nos desarrollamos debe ser protegido y respetado, y no destruido, expoliado y explotado.

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